25.12.17

A la mujer anónima que dejó un libro en el banco de un parque


Tú que aún crees que hay que alimentar el cuerpo, pero también el alma. Que has tenido un pensamiento, una nota sincera, unas palabras cariñosas por si alguien lo pasaba mal esta Nochebuena, se sentía sola, o simplemente estaba atosigada de las circunstancias y por los problemas. Tú que crees en las personas, y lo demuestras siguiendo esa buena costumbre cada vez más común -y no lo llamaré "moda"- de dejar comida pagada en una máquina expendedora, un café en un bar, un pequeño gesto y detalle para los que no tienen nada, o como en este caso, un libro en un banco cualquiera, de un parque cualquiera.

Tú, mujer anónima que con tu poética letra seguramente alegraste muchos corazones, gracias por tu gesto, y decirte, que no se si lo llegarás a saber, que ha sido un genial regalo, el único regalo que se llevó también, en su solitaria nochebuena, otra chica. Seguro que tú, al escribirlo, no pensaste en ella. Pero te aseguro que ella sí pensó en ti. Feliz Navidad, encantadora sembradora de esperanzas y sueños.

24.12.17

La fábrica de juguetes


Un relato corto de Bia Namaran.


Hace ya bastante tiempo que no publico un relato corto, aunque bien es cierto que no he dejado de escribir, pero públicamente, y de distribución libre, llevo ya algunos meses sin ofrecer nada. Por eso he creído que esta es la ocasión perfecta, la Navidad, para regalaros algo de ese estilo, y he decidido hacerlo de esta forma: publicando un nuevo relato corto, que es al fin y al cabo una de las cosas en las que más tiempo invierto. Porque un zapatero regala zapatos, un carpintero regalará sillas, y un campesino, el fruto de la tierra, que no es más que el fruto de su trabajo. Lo mejor de sí que puede regalar un escritor, por lo tanto, es su esfuerzo literario.

En este caso en particular es una especie de "cuento de Navidad" parecido al que ya he publicado en pasadas temporadas, para que así entone en cierta forma con estas fechas, e incorpore elementos de esta época del año, como son en este caso los juguetes.

16.12.17

Actualizarse sí, actualización no, la encrucijada de Internet


Imaginaros que vais a un quiosco a compraros un periódico hoy. Por unos dos euros, os dan un trozo de papel plegado de más o menos extensión, y con más o menos páginas. En su esencia, es lo mismo que, básicamente, obtenían a mediados del siglo pasado por unas pocas pesetas, o a principios de siglo por unos centavos. Apenas ha cambiado el medio ni el soporte.

En ese ejercicio de imaginación, suponed que vais dentro de cinco, diez o quien años a ese mismo quiosco. El periódico cuesta -por la inflación, la subida de precios, etc.- ahora diez o veinte euros. Pero, además, vuestras manos ya no sirven para pasar las hojas. Si intentáis hacerlo, cada vez que os ponéis a ello os cuesta un mundo, como si levantaseis bloques de concreto (hormigón en España), de manera que, antes de acabar de leer las primeras hojas, lo tiráis a la papelera más cercana que encontráis, desilusionados. Para leer su contenido, necesitáis adquirir unas manos nuevas en el mercado, y unas gafas especiales para disfrutar de una lectura rica en contenidos y animaciones pero que, con vuestros ojos normales, no veis. Si lo intentáis, solo veis "sombras".

10.12.17

¿Cuantos correctores hacen falta para publicar un texto?


Mientras estaba en pleno proceso de corrección de Las Playas de Venus me surgió esa pregunta: "al final, ¿cuantos correctores acabo usando?". Quienes tienen la suerte y la fortuna de contar con correctores profesionales que trabajan específicamente para estas tediosas tareas, solo tienen que preocuparse en eso: en escribir. Pero cuando la edición y corrección depende, en gran medida al menos (o en su mayor parte) del autor, acudir a herramientas que ayuden en la tarea es primordial.

Más aún si, como es mi caso, no se utiliza el ordenador ni procesadores de textos que vayan corrigiendo las palabras mientras las vas escribiendo. Una gran parte de los textos los escribo en el móvil, por lo que es muy habitual que se incluyan palabras cortadas, letras repetidas, falten tildes, etc. etc., consecuencia de usar ese dispositivo.

El Imperio

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